martes, 18 de octubre de 2016

El pesado de turno y el alcohol

Él que hoy en día no sepa que en el embarazo no se recomienda beber alcohol, seguramente vive en una cueva, en una isla aislada del mundo moderno.

Sabemos que el riesgo de beber alcohol en el embarazo puede significar entre otras cosas: síndrome alcohólico fetal, retraso mental, anomalías del desarrollo y el comportamiento y un bajo peso al nacer. Aún así muchas embarazadas tienen que insistir que no, no quieren, ante la petición de alguien que repite "por una copita no pasa nada", en el caso de las embarazadas por suerte el conocimiento tan mayoritario de que es malo ayuda a que las dejen en paz, pero... y si la razón es la lactancia.

La recomendación general es la de no beber alcohol, tampoco durante la lactancia. Es una sustancia nociva que penetra en el torrente sanguíneo y pasa a la leche que toma el bebé, por tanto es preferible evitarlo.

Según e-lactancia, una web sobre los medicamentos que se pueden tomar durante la lactancia, el alcohol es señalado como de riesgo nivel 2. Es decir, de riesgo alto. Se recomiendo no consumir o consumir ocasionalmente y muy moderado.

Es decir podrías cumpliendo ciertas condiciones beber alcohol, como entre tomas muy espaciadas y con mucho control, lo que significa que en muchos casos las madres no van a beber alcohol, pero él pesado de turno va a querer más explicaciones, va a decir que su prima bebía y no pasaba nada, que por un día, que no seas dramática...

Ahora piensa que éstas embarazada pero estas en esas 12 semanas que son las que el alcohol puede provocar con mas facilidad un aborto, en las que además por muchos otros factores y razones, o simplemente por que sí, por que no era su momento, puedes perder el bebé, y te recomiendan que esperes a contarlo a amigos y familiares.
No quieres beber alcohol, no quieres explicar por que no lo quieres beber, y sufres el acoso y derribo de una cultura que no entiende que puedas salir y no beber una cerveza. Lo sé, la sufro.

No bebo alcohol, nunca, he probado diferentes bebidas y ninguna me gusta, no tengo interés en habituarme al sabor, tengo antecedentes familiares de alcolismo que hacen que aunque me gustara no sería recomendable que me arriesgara a beber, así que bebo otras cosas, y me lo paso bien, hago locuras, y bueno soy como el resto, quitando que la mayoría y sí, digo la mayoría, en algún momento me ha pedido explicaciones.
Algunas veces me ha tocado ir bebida a bebida diciendo, no tampoco, no me gusta la cerveza,no bebo sidra, no tampoco coñac, tampoco tequila...

Me han dicho lo de "pero así tendrás mas confianza" (inhibes, ect). Los que me siguen en otras redes sociales, o me conocen en persona, creo que saben que aunque soy tímida, no me corto a la hora de apuntarme a lo que sea, no necesito alcohol para tener confianza en mí, y él que lo necesita, tiene un problema aunque no se de cuenta.

Siempre me ha molestado tener que ponerme a dar explicaciones por no beber una cerveza, pienso y si fuera alcohólica, tengo que ponerme aquí a contar mis problemas a un tío que no conozco casi de nada, o si estoy con un tratamiento y no quiero tener que hablar de mi enfermedad, el día que he salido para no pensar en ella.

O cualquier cosa, no debería tener que dar explicaciones por beber agua. Pero ocurre, pasa en cenas, bodas, y eventos en las que te encuentras que tienes que pedir una botella de agua, por que se dio por supuesto que todos beberían sangría o cerveza, y no me molesta pedirla, me molesta que me pregunten ¿Estás embarazada? Por que por una copa, no pasa nada...


4 comentarios:

  1. Si, es un tema con el que la gente se pone muy pesada. Si te dicen que no quieren respeta, deja de preguntar porque.
    Un saludo

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  2. Empezaré diciendo que yo sí he bebido. Y me he emborrachado. Mucho. Y también que ahora me arrepiento muchísimo de haberlo hecho. Aunque fui un adolescente relativamente responsable en otros asuntos, en éste del alcohol me dejé arrastrar por la masa como le sucede a la mayoría.

    En más de una ocasión, después de alguna noche de excesos, decidía dejarlo. Me pasaba entonces semanas saliendo con amigos que orientaban todo su ocio de tarde y noche en torno a la bebida, por lo que, igual que te pasa a ti, me pasaba horas justificándome y dando explicaciones de por qué yo sólo bebía zumo en lugar de mezclarlo con vodka, por ejemplo.

    Con el tiempo he reducido muchísimo mi consumo. Ahora no creo que beba más de una cerveza con alcohol al mes, y no lo echo en absoluto de menos. Lo más absurdo de todo es que en realidad nunca me gustaron las bebidas alcohólicas. Los combinados que más me han gustado siempre son precisamente los de zumos y bebidas sin alcohol. ¿Qué necesidad había entonces?

    A raíz de nuestro embarazo y durante toda la lactancia de mi mujer —que aún dura— prácticamente he eliminado el alcohol de mi vida igual que ha hecho ella de la suya. Y me ha servido para ir poco a poco ganando conciencia del grave problema de aceptación social que existe en nuestro país —y en la mayoría de los de nuestro entorno, ojo— con la bebida. Es parecido a lo que sucede con el azúcar, que nadie termina de convencerse de lo pernicioso que es y nos pensamos que, mientras no nos emborrachemos a diario, no pasa nada, que una copita de vino (o un poco de azúcar) son incluso buenos para el organismo, cuando cada vez está más demostrado que ni la más mínima cantidad es buena para nuestra salud, sino más bien al contrario.

    Son malos hábitos tan instalados en nuestra cultura social que resulta difícilisimo salir de ellos. Yo ya opto por rechazar ciertos planes en grupo en los que sé que el ambiente será fundamentalmente de ebriedad o de consumo constante de alcohol. Ya tengo una edad y no siento ninguna necesidad de encajar, de desinhibirme artificialmente o de tener que justificar ante nadie mis decisiones.

    Lo peor de todo es que el consumo de este tipo de sustancias está tan normalizado que seguimos haciéndolo sin ningún problema delante de nuestros hijos. Y negarse a hacerlos partícipes de ese tipo de costumbres es visto como una postura exagerada y «tiquismiquis». Pongo un ejemplo: pasar un fin de semana con amigos en una casa rural puede ser un plan genial para compartir entre amigos con y sin hijos. Pero si la forma de pasar el tiempo consiste fundamentalmente en beber sin parar, aunque no sea para emborracharse, sino simplemente por hacer algo, no me parece el lugar más apropiado para llevar a mis hijos pequeños. Y, sin embargo, no todo el mundo lo entiende así.

    No sé si algún día cambiará nuestra percepción acerca del alcohol igual que lo hizo sobre el tabaco. Sinceramente, lo dudo mucho. Mientras tanto, nos seguirá tocando dar explicaciones y vivir contentos con nuestra decisión por mucho que a otros no les guste ni convenza.

    ¡Ánimo y paciencia, Carla!

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    1. Me encanta tu comentario, estoy totalmente de acuerdo, creo que sí con el tiempo pasará como con el tabaco, pero mucho camino aún.

      Comprendo lo de salir y que la idea fuera solo beber, aunque yo no bebía, con 15 años mi mejor amiga se emborrachaba todos los fines de semana y yo era la rara cuando cada finde tenía que meterle la cabeza en una fuente, al final dejamos de quedar, empecé a salir con un chico que tenía amigos que no solían beber y era otro mundo para mi.

      Hoy en día como me relaciono con gamers xD, y su concepto de pasar el rato no es emborracharse sino pasar niveles xD toca controlar el ejemplo de que hay que parar de jugar a las consolas para jugar otras cosas jejeje pero no me preocupo el ejemplo del alcohol xD aunque aún me toque explicar por que no bebo cerveza...

      ¡Ánimo!

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